Eficiencia financiera y eficiencia política


Un comentario sobre eficiencia del sector público

eficpolt

Sergio Reuben Soto

         He venido insistiendo que estamos sometidos a una linea informativa continua, por la prensa cor­porativa, que nos presenta a las instituciones pú­blicas como ineficientes, ineficaces e incluso inútiles. Estoy convencido que hay una enorme dosis de falsedad en esas informaciones y, desde luego, un interés velado de desprestigiar la ac­ción pública, ya sea del gobierno o de las institu­ciones autónomas.

          No hay que perder de vista que, son es­tas instituciones públicas las que administran los recursos comunes, los activos que no tienen due­ño privado, los activos que no son capital propia­mente dicho, y que compiten con los apropiados privadamente, tanto por bienes y servicios como por trabajadores. Activos cu­yas ganancias y rendimientos no quedan en ma­nos privadas sino que son administrados por los administradores públicos precisamente. Y con criterios, visiones e intereses distintos al criterio de la mayor ganancia, definidos más bien por in­tereses “políticos” en el mejor sentido de la pa­labra- determinados por la representación de­mocrática de los distintos grupos y clases socia­les en el poder.

          El asunto es que a ciencia cierta, no hay una definición precisa para medir la eficiencia económica del trabao y del capital. La mayoría de los economistas, par­ticularmente aquellos acríticos de la economía escolástica o tradicional, mide la eficiencia sobre la base del rendimiento monetario o financiero del capital invertido. Pero, debe quedar claro, que con esta definición, si los precios de los productos no corresponden a las necesidades de todos los sec­tores sociales -como suele suceder en el capitalismo corporativizado-, habrán productos demandados por una gran mayoría de individuos con poca capaci­dad de compra por sus bajos ingresos, que no ofrecerán un “buen rendimiento” para los dueños del capital. Y por el contrario, productos que por con­tar con alta demanda por parte de secto­res alta­mente favorecidos en la distribución del ingreso nacio­nal, presentan precios relatiamente altos determinado altos rendimientos al capital invertido, favoreciendo su producción sin ser re­queridos por grandes mayorías.  De esta manera no se atenderían las necesidades sociales justamente.

eficiencmonet          Asimismo, cuando el criterio para medir la eficiencia es el rendimiento monetario, pode­mos concebir bienes y servicios de muy alta calidad a altos precios, sólo alcanzables por los pequeños grupos de altos ingresos, porque son pocos los que pueden demandarlos. Mientras que los bienes y servicios demandados más po­pularmente, masivamente, tienen baja cali­dad por su alta demanda a costo relatiamente bajo.

          Para ilustrar el punto, recientemente, en una actividad, se expuso el caso de un señor de entre 70 y 75 años que la Caja Costarricense de Seguro Social le había asignado el número 713 en la lista de espera de cirugías de la rodilla en el hospital que le correspondía. Desde luego, la ci­rugía “por fuera”, esto es en el sector privado, se la hacían en cuestión de una o dos semanas con un costo superior a los 2 millones de colones. Debería quedar claro, que si los setecientos y resto de pacientes tuvieran los 2 millones y pico para hacerse la cirugía, ya la lista de espera de la me­dicina privada no sería de una o dos semanas sino que se iría a los cuatro o cinco meses… O bien los hospitales privados subirían los precios, con lo que evitarían que una buena parte de los necesitados y necesitadas pudieran hacerse la cirugía, reduciendo pues la lista de espera.

papa          Tampoco, así entendida, la eficiencia pue­de ser medida por la cantidad de producto por unidad de capital o trabajo. La producción de papas, por ejemplo, puede ser muy alta por uni­dad de área, o de trabajador, pero si el precio relatiao de la papa es muy bajo, el rendimiento de la inver­sión en ese producto no puede competir con el rendimiento de la inversión en producir cerve­za, por ejemplo; de manera que habrá pocos recursos para el primer ramo y más para el segun­do; no obs­tante que la papa sea un bien básico e importante en la alimentación popular (y de nuestra soberanía alimentaria).

          Lo que quiero decir es que la línea infor­mativa de la prensa corpo­rativa nos ha acostum­brado a valorar la eficien­cia de la empresa públi­ca en base a un criterio monetario-fi­nanciero. Pero ese cri­terio entraña la huella del capital…, y de la distri­bución del ingreso nacional que ese criterio defi­ne. Mientras que utilizando criterios de otra índole, podemos reconocer eficiencia en la función pública.

          Si vemos así las cosas, sería prácticamen­te imposible determinar si el sector privado es más productvo que el sector público. Y yo me inclino a pensar más bien, que la productividad es un asunto de cultura nacional, de actitud hacia el trabajo, y no de sectores público y privado.

reforst          Más aún, si reconocemos ciertos logros alcanzados por el país en diversas áreas del desarrollo social y económico; tales como, por ejemplo, el proceso de reforestación de los últimos años, prácticamente inédito en el mundo entero; la alta expectativa de vida que ostentamos; la baja mortalidad infantil; la alta cobertura en telefonía fija y móvil; la gran profundidad bancaria; o el 15avo. puesto en el mundo en el índice de sostenibilidad ambiental de la Universidad de Yale; o el quinto puesto de Costa Rica en el mundo, en el índice de producción de energía renovable del World Economic Forum; o el sexto puesto en América Latina en el Indice de Desarrollo Humano, solo para citar algunos logros, uno debe reconocer que el trabajo de las instituciones públicas no ha sido ineficiente ni ineficaz, especialmente si tenemos en mente que el país ocupa el 16avo. puesto entre los países de la OCDE en la relación Impuestos a Ingresos y Utilidades.

Nota:

          Si uno analiza datos duros puede encontrarse con situaciones sorprendentes, dado el grado de desinformación o de información maliciosa que consumismos. Por ejemplo, el Puerto de Limón (manejado por JAPDEVA) es el 4to. puerto que maneja más carga (en TEUS) en la cuenca del Caribe (solo superado por Balboa, Cartagena y San Juan, Puerto Rico), y si nos referimos al número de grúas para contenedores con las que hace esa labor, es el primero en América Latina, con índice de 542.250 TEUS por grúa, contra, el que más se le acerca Guayaquil en Perú (océano Pacífico) con 264.120 TEUS. (Datos tomados de “Especial Ranking, Puertos 2015” en América Economía, http://rankings.americaeconomia.com/puertos-2015/en-movimiento/, 5/6/2016.

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Acerca de sreuben

Economista y Sociólogo
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2 respuestas a Eficiencia financiera y eficiencia política

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