Las hipotesis de Piketti y las propuestas en Blog Escudrojo


Efectos desequilibradores de la concentración de la riqueza

–Servio Escudrojo–

            No cabe duda del extraordinario aporte de Piketty (2014) a la explicación de los orígenes de la desigual distribución de la riqueza que muestran nuestras sociedades del siglo XXI.  Y aclaro que cuando hablo de sociedades del siglo XXI hablo de sociedades dominadas fundamentalmente por las relaciones capitalistas; esto es, cuya organización productiva y distributiva del producto social está regentada por el capital y las condiciones de su valoración.[1]

El estudio de Piketty lo que hace es observar cómo en el proceso de acumulación de capital en el tiempo, hay momentos en los que la desigualdad disminuye y otros en los que aumenta.  Piketty establece una relación según la cual cuando los ingresos de capital (o dividendos de las inversiones) crecen más rápidamente (sus tasas de crecimiento son mayores) que el producto interno bruto, la desigualdad aumenta.   Creo que esa observación es de un enorme interés; porque lo que habría que hacer entonces, para obtener una relación definida o una relación determinativa sería buscar a qué se debe el comportamiento de esa variable “ingresos del capital” y la velocidad de su cambio.

sinverguenzaDe acuerdo con nuestra hipótesis el proceso de acumulación de capital tiende inevitablemente a la concentración y, por tanto, a la reducción de la competencia y al crecimiento de la tasa de retorno del capital por encima de su tasa “natural” (o requerida para un crecimiento armónico y equilibrado, socialmente determinado).  El descubrimiento histórico de Piketty, la evidencia recabada por su estudio, requiere de una explicación desde el punto de vista de esta hipótesis.  Lo que cabe pensar de primera entrada es que esos momentos en los que los ingresos del capital crecen más rápidamente que el PIB están marcados por una alta concentración del capital (originada en un crecimiento de la oligopolización-monopolización de los mercados), mientras que la otra fase, estaría determinada por una fase de alta competencia en los mercados.  Lo que habría que estudiar pues, es si estas hipótesis se sostienen para los períodos señalados por el estudio de Piketty.[2]

─o0o─

Descubrir empíricamente la relación de explotación implícita en las relaciones de producción que se establecen en una sociedad dominada por el capital no era fácil.  El ocultamiento de la relación de explotación por medio de la asignación de una participación justa y equitativa al trabajo y al capital dentro del ingreso nacional, dependiente del precio asignado a cada factor, fijado en un mercado libre, hizo que durante muchos años se aceptara esa distribución como óptima, como la más eficiente y eficaz que podía darse.  Desde luego, había que guiarse por la teoría de la explotación elaborada por los primeros socialistas hace ya casi 200 años, para poder deconstruir las relaciones actuales, e identificar la nuevas formas en que esa relación de explotación se expresa en la sociedades contemporáneas.  Más aún, era preciso incorporar los nuevos fenómenos que como contradicciones originadas en esa relación, venían depositándose en las sociedades, ya no solo en sus relaciones económicas, sino también culturales, legales y políticas…

No obstante lo antes dicho, la organización capitalista, con el proceso de valorización y acumulación del capital como regente de la actividad social, venía mostrando signos preocupantes que evidenciaban un funcionamiento desequilibrado y ajeno a los principios que supuestamente dirigían las organizaciones sociales fundadas en dicho proceso.

prometeLa crisis desencadenada a finales del 2008 es el agente que hace precipitar un conjunto de fenómenos en los distintos ámbitos del acontecer social que ponen al descubierto serias contradicciones entre las relaciones sociales de nuestras sociedades.[3]  La desigualdad de ingresos entre sectores y clases sociales, entre géneros, entre minorías étnicas, por una parte, las diferencias en el reconocimiento de derechos ciudadanos entre esos grupos, la ingobernabilidad y la dificultad de controlar la violencia y el delito, el reconocimiento de las diversidades culturales y religiosas, y la toma de consciencia del daño ambiental, son todos fenómenos que rompen la supuesta placidez del orden social fundado en el capital.

Desde el punto de vista de la disciplina que se ocupa de la organización de la producción y la distribución del ingreso social, es decir de la teoría económica; la desigualdad en la repartición del ingreso social, la conformación de dos grandes sectores dispares receptores de dicho ingreso y, la ruptura del giro normal del capital con la recesión en que caen las principales economía occidentales, y sus consecuencias en todo el sistema económico mundial, eran, pues, los principales fenómenos a explicar.  Más aún, los hechos subsiguientes a la recesión de la economía norteamericana durante los años 2009 y 2010, como su flojo crecimiento (hasta la fecha) y el contagio del estancamiento a las principales economías del mundo occidental eran hechos que debían explicarse desde la teoría económica.

1-. Es frecuente, incluso en escritos y artículos críticos al funcionamiento del sistema capitalista, tratar de explicar el rompimiento del proceso de acumulación de capital (o formas distintas de crisis económicas) con el uso de categorías propias de la economía convencional; a la que hemos llamado Economía Escolástica por su vano esfuerzo de racionalizar la fe en las creencias.  El problema con estos ejercicios es que no se limpian dichas categorías de los significados implícitos que traen de su modelo original, incorporando así material genético extraño y, generalmente malicioso,  al esfuerzo crítico.

El intento de explicar la crisis actual utilizando la tasa decreciente de ganancia como medio de equilibrar y distribuir el uso del capital entre los distintos ramos de la producción y, por tanto, conduciendo así a una distribución eficaz y eficiente del ingreso y del excedente colectivos entre los distintos sectores sociales, es un claro ejemplo de este error.

El supuesto del funcionamiento de esta “propiedad del capital” es la existencia de la competencia por el capital “el valor de la escasez del capital” (J. Bradford Delong, 2015).  El problema central que presenta este supuesto es que el capital puede y ha aprendido a modificar las condiciones que aseguran una tasa de ganancia relativamente estable: por medio de creación de demanda específicamente orientada a la población con recursos (para su realización), o por medio de la generación de lealtad a marcas, formación de necesidades sociales y hasta fisiológicas, el levantamiento de barreras de entrada, dumping, monopolios y monopsonios, tretas bancarias y financieras, apoyos de políticas públicas a favor de sus intereses…, en fin, todos los medios y recursos que ha ido inventado el capital, ha logrado éste reducir y evitar la competencia para favorecer sus rendimientos.

Más aún, los intentos de algunos teóricos y empresarios por mistificar la necesidad imperiosa del capital de alcanzar la tasa de ganancia más alta, apelando a una responsabilidad social del empresariado, a visiones de largo plazo, a políticas empresariales hacia los asalariados y asalariadas, etc., se estrellan contra una realidad definida por la imperiosa ley de la acumulación.  Con respecto a esta “necesidad” de las corporaciones de generar ganancias y las mayores posibles, puede verse el enjundioso artículo de Strine (2012) y el comentario de Maxwell Kennerly (2010).  Se puede fácilmente desprender de las conclusiones de estos trabajos, que hay una clara imposición en la sociedad norteamericana, impulsada por la necesidad imperiosa de la valoración del capital, de entender que el objetivo de las corporaciones debe ser absolutamente el de maximizar las ganancias.  Para ilustrar el punto cito las recientes declaraciones durante el World Economic Forum, en Davos, 2016, del CEO de Blackrock la corporación más grande del mundo administradora de fondos de capital (con, a la fecha, 4,2 millones de millones de dólares), el señor Larry Fink cuando expresa: “La ley fiduciaria en los Estados Unidos dice que debes maximizar la tasa de retorno.  Puedes despedir a 10.000 gentes si con eso maximizas la tasa” .[4]   Y en una interesante entrevista a este señor Fink, por Adi Ignatius, el editor jefe de la Harvard Business Review  trata de contraponer los conceptos “beneficios para el largo plazo”, “beneficios para el corto plazo”; el primero como el que debiera dominar las estrategias administradoras de las corporaciones; sin embargo, se puede concluir de sus deliberaciones en dicha entrevista, las dificultades que se presentan para los ejecutivos tanto legales como de política corporativa, para poder alcanzar objetivos de esa naturaleza (Ignatius, A., 2015).

De esta manera, esa propiedad de las relaciones capitalistas ideales, por la que la distribución de los recursos sociales escasos se lleva a cabo por medio de la orientación de éstos hacia donde se presenten las tasas de ganacia más altas de las inversiones, permitiendo así una distribución óptima, eficiente y eficaz de dichos recursos entre las necesidades sociales, se ve degenerada por la capacidad del capital acumulado de alterar la competencia.  Y engendrar condiciones favorables a su perenne supervivencia y reproducción ampliada.

Y aún más, la particular o especial distribución de los recursos sociales que lleva a cabo el empresariado con sus decisiones sobre el uso de los recursos que quedan en sus manos, al estar afectadas por las condiciones favorables para la acumulación de capital, determina, esta distribución, una desviación favorable a los intereses de éste y desfavorable a los intereses de la mano de obra asalariada.  Esta desviación precisamente, es el origen de la distribución inequitativa de la riqueza socialmente producida, que al reiterarse una y otra vez en cada ciclo de los negocios, tiende a generar inevitablemente la brecha social que conocemos como desigualdad.  La constatación de esta desigualdad comprobada en todos los países capitalistas es una muestra clara de la existencia de este mecanismo perverso para los intereses de los asalariados y rompedor del equilibrio estructural óptimo.

Así, por el lado del trabajo, va apareciendo una gran masa de la población incapaz de generar la demanda para cubrir sus necesidades, porque no tiene suficiente riqueza para competir con la demanda que generan los recursos de que disponen los sectores adinerados.  Y, si vemos el marco general, comienza a surgir, pues, una estructura productiva ineficaz para cubrir las necesidades sociales de toda la población, e ineficiente en términos del uso de los recursos sociales escasos para atender tales necesidades…, aunque no precisamente, en términos de los rendimientos del capital.  Es así como la orientación de las inversiones por los rendimientos, adquiere distancia de las necesidades de las poblaciones menos favorecidas por el reparto de la riqueza y del excedente socialmente generados.

2-. No es, por tanto, un problema de escasez de capital, que determinaría un crecimiento de la tasa de retorno de las inversiones, generando así mayores inversiones y mayor demanda de trabajo y de bienes; es un asunto de capturar el mayor valor posible de la pila del valor acumulado en la sociedad, independientemente de los procedimientos administrativos, financieros industriales, etc. requeridos para ello.  Sólo hay escasez de capital cuando no hay capacidad suficiente de reproducción y acumulación de capital. Y esta circunstancia se presenta cuando no hay posibilidad de “realización” del capital convertido en mercancías.  Ahora bien, cuando hay demanda suficiente para que se dé la realización de mercancías, siempre habrá reproducción y acumulación de capital, aunque haya mucha gente que no pueda adquirir las mercancías…, pero suficiente dinero en pocas manos para comprarlas y efectuar la realización de ellas.  Así pues, el problema económico central de esta situación –ya no el social que implicara el surgimiento de una revolución social–, es la formación de desequilibrios estructurales que imponen reestructuraciones en la composición sectorial de la estructura productiva (particularmente hacia bienes de “alta gama”, aventuras especulativas, atesoramiento inútil del valor), con todos los riesgos sistémicos que ellas acarrean.

experienciaEntre ellos, uno de particular importancia social, es el desempleo estructural, por el que los trabajadores desempleados no pueden encontrar trabajo en los nuevos sectores favorecidos por la acumulación de capital.[5]

Así mismo, la apropiación de la riqueza social entre pocas manos trae aparejada la reducción relativa de la tendencia a gastar (en tanto la propensión a consumir se reduce conforme aumenta la riqueza poseída por el agente) y si no hay expectativas favorables en las tasa de retorno de las inversiones, la tendencia es hacia el “atesoramiento” de la riqueza.

Y, finalmente, todo el espectro de inversiones especulativas, de préstamos indebidamente respaldados, de la usura y del agiotaje, etc.

Alan Greenspan en diciembre de 1996 denominó las condiciones de los mercados de valores de ese momento (cuando los valores de las acciones alcanzan cotas muy altas, destacándose de sus valores reales) como de “exuberancia irracional”.  De manera semejante, la descripción de la situación económica por Ben Bernake de “savings glut”, una “pega de ahorros”, recuerda también un desequilibrio estructural que impide el proceso franco de acumulación de capital.

Una vez desencadenado uno de esos procesos, son altamente difíciles de “equilibrar”, máxime cuando se asocian con desequilibrios sociales que implican, generalmente, el desafecto social por el sistema de hegemonía dominante que permite el gobierno de la sociedad, abriendo así la lucha de clases y procesos de ingobernabilidad.[6]

¿En dónde queda la innovación?, pueden preguntarse con toda propiedad ustedes.

Si el traslado de recursos de un sector a otro genera desequilibrios inconvenientes para el buen desempeño del sistema, no podrían generarse las condiciones para el surgimiento de nuevos sectores y nuevos productos, así como el fortalecimiento de ramos con alta demanda.  Y aquí hay que distinguir dos cosas: una es la generación de nuevos productos desde la demanda (como necesidades de la sociedad por mejores productos más acordes a sus costumbres y aspiraciones), y otra muy distinta es: la generación de nuevos productos desde la oferta (como necesidades de los productores por obtener mayores ganancias).  Y por otro lado, aún más, cuando se ha llevado a cabo, por cualesquiera circunstancias, una concentración de la riqueza en pocas manos en detrimento de la capacidad de demanda de sectores mayoritarios de la población, no pareciera haber mecanismos apropiados dentro del sistema capitalista, para resolver de manera de hacer nuevamente eficaz y eficiente –esto es, acorde con las necesidades de la población– la distribución de los recursos sociales disponibles.

La desigual distribución de la riqueza socialmente generada, la concentración de ésta en pocas manos generan así, condiciones en el funcionamiento de las relaciones capitalistas que van conduciendo a la constitución de una estructura productiva crítica, desequilibrada, ineficiente e ineficaz para genera un desarrollo social equilibrado y sostenible.

Bibliografía

– Strine, Leo E., Jr., 2012, Our Continuing Struggle With the Idea That For-Profit Corporations Seek Profit47 Wake Forest Law Review. 135.

– Kennerly, Maxwell, S., 2010, “eBay vrs. Newmark: Al Franken was right, Corporation are legally required to maximize profits”, Litigation & Trial, The law blog of plantiff’s attorney, http://www.litigationandtrial.com/2010/09/articles/series/special-comment/ebay-v-newmark-al-franken-was-right-corporations-are-legally-required-to-maximize-profits/.

– Bradford, Delong, 2015, “Piketty vs. Piketty”, Project Syndicate, Dec. 30, 2015, https://www.project-syndicate.org/commentary/capital-inequality-piketty-criticism-by-j–bradford-delong-2015-12?barrier=true-

– Ignatius A., (2015), “I’m not talking about this to win a popularity contest: An interview with Larry Fink”, Harvard Business Review, November. https://hbr.org/2015/11/im-not-talking-about-this-to-win-a-popularity-contest

– Piketty, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century. (T. B. P. of H. U. Press, Ed.) (1era. ed.). Cambridge,Massachusetts.

– Piketty, T., (2016), Entrevista hecha por Eduardo Febbro, para TeleSur et al., https://drive.google.com/file/d/0B1x_zERGKceeYTZHazFramlqNzg/view?pref=2&pli=1

Notas al pié

[1] – No es necesario en este momento hacer una apología de este sistema por su capacidad de dominio en extensión y en profundidad de la actividad productiva urbi et orbi.  Ya otros lo hicieron, y en forma mucho más meritoria, puesto que lo hicieron cuando apenas asomaba sus primeros logros.

[2] – Véase la entrevista a Piketty hecha por Eduardo Febbro, 2016

[3] – Estamos conscientes que tomamos ese hecho como hito histórico, no obstante que muchos de los fenómenos señalados habían venido siendo señalados y denunciados desde varios años atrás; claro está que hay coyunturas particulares en que esas contradicciones adquieren un peso específico mayor, por su confluencia simultánea y su algidez.

[4] – “The fiduciary law in the United State says you must maximize return. You could fire 10.000 people if that maximizes return”, “It´s the fourth revolution, stupid”, Deutche Welle, Top stories, Business, 22 de enero, 2016 por Andreas Becker, Davos.

[5] – Debe distinguirse el desempleo estructural del desempleo friccional, este último debido a la población que cambia de trabajo por motivos laborales, patronales, etc., y que está desempleada por poco tiempo mientras consigue un nuevo puesto.

[6] – En una serie de artículos publicados en el semanario Universidad entre los años 1986 y 1994, luego recopilados en un libro denominado “Crónica de un des-Ajuste Estructural”, Reuben (1995), se planteó ya en ese momento, la tendencia inevitable hacia la desafección por la administración política que debían provocar las medidas de los programas de Ajuste Estructural que se implementaban por esa época en Costa Rica.

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