Amenazas a la multipolaridad


El debilitamiento de hegemonías un peligro para la paz

 

Nuves-Servio Escudrojo-

Al reflexionar sobre las situaciones que presenta hoy día el panorama político mundial uno no puede inadvertir los intereses que mueven a la política exterior norteamericana. Muchos latinoamericanos hemos estado acostumbrados a considerar las acciones de los EE.UU. originadas en las mejores intenciones, fundadas en los principios de los derechos universales del ser humano, la democracia occidental y el capital.  Y de hecho así fue desde la II Guerra Mundial; cuando el orden internacional se estructuró sobre la base de la universalización del dólar y las hegemonías militar y económica norteamericanas: los intereses del mundo occidental enfrentado al orden comunista, coincidían con los intereses de los EE.UU. y viceversa.

Aquella sorprendente expresión del secretario de defensa norteamericano Charles Erwin Wilson de que “lo que es bueno para EE.UU. es bueno para General Motors y viceversa…”, la mayoría de los latinoamericanos la traducíamos en una sentencia parecida “lo que es bueno para los Estados Unidos es bueno para nosotros y para el mundo”.  Y, de alguna manera, esto fue cierto para éstos mientras el orden mundial estuvo estructurado sobre la base de las hegemonías cultural, económica y militar norteamericanas.

No vamos a hacer recuento aquí de los hechos que desde los años 70 del siglo pasado se vienen produciendo en el contexto internacional y que fueron cambiando la estructura internacional.  Paradójicamente, uno de los hechos más destacables ha sido la globalización del proceso de acumulación de capital, antes centrado en las economías nacionales y ahora globalizado por las empresas transnacionales norteamericanas.  Para algunos, éste era el sino del orden capitalista impulsado y dirigido por los EE.UU., lo cierto es que dicho proceso económico con otros de diversa naturaleza articulados entre sí, han generado un orden internacional nuevo. En el que los intereses de los EE.UU. ya no coinciden con los del mundo…

En primer lugar, los fundamentos de la civilización occidental que defendía el orden internacional dirigido por los EE.UU. han ido siendo rescatados de su secuestro norteamericano por Europa –o por lo menos esa parece ser su pretensión–, que comienza a emerger como una potencia capaz de defenderlos e impulsarlos ahora en el marco de una cultura plurinacional.  Asimismo, en América Latina, comienza a conjugarse una simbiosis cultural en la que esos mismos principios enriquecidos por las culturas originarias se presentan como una opción más favorable de articulación con una civilización plural universal.

Ahora bien, en una civilización universal, que articule valores y principios conjugados de las distintas culturas preexistentes, que son aceptados globalmente, no habría necesidad de la dominación e imposición hegemónica de una cultura en particular; por lo que el papel de “defensor de valores civilizadores” desempeñado por los Estado Unidos hasta finales del siglo pasado, pierde valía para occidente.

En tercer lugar, la hegemonía económica norteamericana que sostenía el orden comercial e industrial internacional, no sólo como principal potencia exportadora e importadora sino como suministradora y reguladora de la moneda universal, comienza a mostrar signos de insolvencia para lidiar con los requerimientos económicos y monetarios de un sistema globalizado, y por tanto, a ser retada por otros países y regiones. Este reto y aquella insolvencia redundan en serias contradicciones económicas y políticas al interior de los EE.UU, generando trabas en el funcionamiento del sistema que rebotan como limitaciones para ejercitar su hegemonía política, su hegemonía cultural y su hegemonía económica a escala internacional.

Así, para los que han ejercido el poder acostumbrados a la subordinación y dependencia del resto del mundo, queda sólo su hegemonía militar como única e indiscutible vía para preservar su status. Y esto, a mi modo de ver, es sumamente preocupante.

La Academia Sueca tomó la pasmosa iniciativa (o el presidente Obama se las agenció) de nombrarlo, al inicio de su mandato, Premio Nobel de la Paz.  Al aceptarlo, el presidente asumía un compromiso de no seguir la vía bélica para resolver los conflictos de intereses de los EE.UU.  Los malabares a que ha tenido que recurrir el señor Obama, y su círculo más intimo de mando para honrar este compromiso en sus casi seis años de ejercicio, ante las demandas de los intereses económicos, políticos y militares, no son desconocidos para el público en general. Baste recordar, a efecto de ilustración, las dificultades para retirar las tropas de Irak, y los recientes resultados de esta retirada; su criticada injerencia limitada en Siria en apoyo a los Yijadistas opositores al presidente Bashir al Assad, o su política de apoyo a las acciones terroríficas de Israel en Gaza, entre otras acciones. Así, poco a poco, hemos visto cómo ese compromiso ha tenido que ir cediendo ante los reclamos incesantes y perentorios de estos intereses, conformando una política exterior y de “defensa nacional” de la Casa Blanca que a todas luces se muestra indecisa.

El debilitamiento del papel de primera potencia mundial que sufren hoy día los Estados Unidos es un serio reto para los sectores que han ostentado por casi un siglo las prebendas que deparaba su supremacía, y el peligro de querer recurrir a su último resquicio de poder, la fuerza militar, para tratar de recuperar o, al menos suavizar las dolorosas consecuencias de este debilitamiento, se acrecienta.

Los latinoamericanos amantes de la paz debemos entender ahora, que la paz mundial ya no es el resultado de un equilibrio entre dos grandes potencias, como entre los años 50 y 80, ni es el producto del dominio unipolar de una sola, como hasta finales del siglo pasado. La paz mundial, la paz regional en nuestro continente, ahora es el resultado de un juego inteligente de todos los pueblos contra los “halcones”, contra todos aquellos que ven en la guerra y la violencia, la forma de hacer perpetuar su dominación.

Agregado el 29 de septiembre:

James Petras, un reconocido critico analista de la política internacional de los EE.UU., escribió un artículo en Global Research, el 29 de este mismo mes, http://www.globalresearch.ca/us-global-power-in-the-21st-century-military-or-economic-imperialism/5404911 , en el que hace señalamientos sobre la nueva tendencia militarista del imperialismo de los Estados Unidos; y la contrasta con otras formas de imperialismo económico ejercitado por ese país en épocas pasadas.

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