Estado de la Globalización


Estado de la Globalización y crisis económica

Transformación del proceso de acumulación de capital y sus límites históricos

Sergio Reuben Soto

Primera etapa de la globalización, homologación de la institucionalidad comercial

Esta transformación, sin embargo, para ser efectiva, ha requerido una transformación también importante en la estructura de la economía global

El proceso de desindustrialización por el que ha pasado la economía de los EEUU a partir de finales de los años 70, ha creado en ese país una estructura económica basada en los servicios.  Servicios, por una parte, relacionados con la administración a distancia de las sucursales y filiales y, por otra, particularmente, relacionada con servicios financieros de inversiones y cobros a distancia.

Esta transformación, sin embargo, para ser efectiva, ha requerido una transformación también importante en la estructura de la economía global; de manera que la propiedad privada extranjera sea debidamente reconocida en cada uno de los países donde el capital norteamericano fluye, así como los flujos de retorno que esas inversiones generan.  Amén, claro está de todo un conjunto de derechos de propiedad que van junto con las inversiones materiales.

La apuesta del capitalismo norteamericano por la globalización del proceso de acumulación de capital o, como otros la denominan, por su “desterritorialización” requería por tanto, aplicar todo el poder político con que cuentan los Estados Unidos, en la busca de una homolo­gación de condiciones de la economía internacional y una orientación de las legislaciones nacionales o regionales, en la dirección de atender debidamente las necesidades de ese proceso globalizado de acumulación del capital norte­americano.  Ocioso es decir que al iniciarse esta transformación, otros capitales, como los asentados en los países europeos y particularmente los residentes en Gran Bretaña y en otros países que levantan la cola del capital norteamericano, se plegaron a éste.  No debe olvidarse que la globalización de la acumulación de capital no es el resultado de un capricho de las elites del poder estadounidense, sino una necesidad del mismo capital por obtener mayores tasas de ganancia, disminuidas durante los años 50 a los 70 por el Estado de Bienestar; pero también, y de forma muy importante, por los mismos niveles de concentración del capital alcanzados en las economías domésticas.  Así, la aventura norteamericana pareció atractiva y realizable para los principales capitales del mundo desarrollado; que confiaron en el poder político-militar de los EE.UU. para allanar el camino.

La transformación se inició en los años 80 del siglo pasado y, a esta fecha, se encuentra a medio camino.  La modificación de los programas de préstamos para el desarrollo del Banco Mundial en los Programas de Ajuste Estructural, las acciones del Fondo Monetario Internacional por el “saneamiento” de la deuda internacional de los países emergentes, la acción vigilante del gobierno de los Estados Unidos (y de otros gobiernos con influencia en las zonas de desarrollo), en el despliegue por los gobiernos locales de lo que se llamó el Consenso de Washington, dieron sus frutos.  La potenciación de las elites de poder domésticas en los países de las regiones en desarrollo, vía apoyos de diversa índole de los gobiernos del Centro, generaron la “revolución neoliberal” en los primeros, creando una transformación en el seno de sus ordenamientos institucionales.  El Consenso de Washington se entronizó como el proyecto globalizador.

La segunda etapa

La reingeniería política ideó los tratados bilaterales y regionales como el Tratado Comercial México-Estados Unidos, y como el RD-CAFTA para Centroamérica y República Dominicana. 

La segunda etapa de esta transformación correspondió a la for­mu­lación de los tratados de libre comercio bilaterales y multilaterales.  Con ellos se fueron creando zonas de comercio que abrieron los espacios geográficos de las regiones, los territorios de las naciones y sus pobladores, a los capitales que ahora podían sin mayores riesgos usufructuar de los recursos naturales y humanos de esas regiones.  Las condiciones institucio­nales en las zonas de arribo de estos capitales y las condiciones internacio­nales para el traslado de los capitales y de sus ganancias entre las distintas regiones del globo, hacían rentables sus inversiones transfronte­rizas, ya no, como lo venían haciendo, entre los países industrializados, sino ahora, con los países periféricos.

Y esa etapa no ha concluido.  El fracaso del ALCA a escala latinoa­mericana fue un rudo golpe a esa hoja de ruta.  La reingeniería política ideó los tratados bilaterales y regionales como el Tratado Comercial México-Estados Unidos, y como el RD-CAFTA para Centroamérica y República Dominicana.  O los siguientes, entre Chile, Perú, Panamá y Colombia, con los Estados Unidos.  Y, finalmente, la Unión Europea y China entran en escena también con tratados bilaterales y multilaterales con países de América Latina.  La globalización del proceso de acumulación de capital había alcanzado su fase media.

Crisis económica y entrabados del proceso

El proyecto globalizador transnacional entraba así en estan­camiento, y con ese estancamiento todas las economías que apostaron a él también.

Pero este proyecto de globalización de la acumulación de capital suponía un funcionamiento óptimo de los mercados, y particularmente, suponía que el proceso de acumulación de capital no presentara contradic­ciones estructurales.  Todo lo contrario, suponía que correría suavemente sin obstáculos, conduciendo los capitales hacia los sectores y ramos de la producción de bienes y servicios que satisfarían las necesidades sociales globales.

Pero a medio camino de la transformación, un enorme obstáculo surgió interrumpiendo la carrera.  Las economías nacionales comenzaron a mostrar signos de desequilibrios serios; no solo en los grandes agregados macroeconómicos, sino también en la orientación de sus recursos entre sectores, formando “burbujas” desproporcionadas; en la distribución de los excedentes sociales, creando sociedades con creciente desigualdad entre sus ciudadanos; formando enormes masas de desempleados y de pobres.  Sociedades en fin, desequilibradas, desmembradas, injustas e insostenibles.  Se puso así de manifiesto un sistema de producción y distribución social incapaz de organizar la convivencia.  Las condiciones sociales y políticas requeridas para que la acumulación de capital avanzara, se sumaron a las contradicciones estructurales de ésta, generando una crisis social de grandes proporciones.

El proyecto globalizador transnacional entraba así en estan­camiento, y con ese estancamiento todas las economías que apostaron a él también.  La locomotora de la acumulación globalizada de capital se frenó.  La apuesta de globalizar la acumulación de capital, de extrapolarla fuera de los límites estrechos de las fronteras nacionales, de los mercados nacionales, de la fuerza de trabajo nacional y de los recursos institucionales nacionales, comienza a mostrar sus riegos verdaderos.

El poder militar y político de los Estados Unidos se ve entrampado por la crisis interna de su economía, por la crisis social de su modelo de distribución del excedente social, por sus contradicciones políticas internas entre clases y, desde luego, por la respuesta airada de los pueblos que resienten los resultados de los proyectos de desarrollo nacionales surgidos con la aplicación del Consenso de Washington y los tratados de libre comercio.

Soluciones y espejismos

Así pues, el capitalismo, o cuanto menos la relación fundamental para la acumulación de capital, parece haber encontrado límites históricos difícilmente franqueables.

Las soluciones a esta situación no son fáciles.  Hay muchos elementos en juego que aún no se enrumban decididamente hacia la creación de estructuras sociales, económicas y políticas que reinventen relaciones económicas y sociales nuevas, relaciones económicas y sociales fundadas ya no en la disputa por una mayor tasa de ganancia sino en la disputa, con emulación o competencia, por la obtención de los mejores resultados del trabajo colectivo e individual.

La acumulación de capital, la acumulación de medios de producción y trabajo en manos privadas para ser administrados en función de la obtención de la mayor tasa de ganancia, no puede ya resolver las necesidades de producción que demandan los retos enfrentados por las sociedades contemporáneas.  Ni sus ritmos de crecimiento son adecuados porque aceleran el consumo hasta límites insoportables para los recursos naturales no renovables o para la biosfera, ni las estructuras distributivas que engendra pueden satisfacer las necesidades sociales apremiantes.  Ni tampoco puede orientar eficazmente este proceso acumulativo, los recursos sociales escasos entre los sectores y ramos de la producción que requieren las nuevas sociedades.  El mismo desarrollo técnico, o como se le acostumbra llamar hoy día, el desarrollo tecnológico, está siendo orientado en grandes proporciones  hacia sectores y ramos que responden a una distribución del ingreso desquiciada, inequitativa e injusta que no responde a las necesidades de los sectores sociales más numerosos.

Así pues, el capitalismo, o cuanto menos la relación fundamental para la acumulación de capital, parece haber encontrado límites históricos difícilmente franqueables.  Nuestra opinión como la de muchos economistas, es que la solución ensayada por la Reserva Federal del los Estados Unidos, no toca el origen real de la crisis, sino que crea condiciones favorables para la acumu­lación ampliando la masa monetaria sin afectar la distribución de ésta.  Una crisis como la de 1929, y su secuela, la segunda Guerra Mundial, destruyó una inmensa masa de capital acumulado y concentrado en pocas manos.  Su resultado fue un nuevo y más llano terreno para la acumulación de capital sin grandes concentraciones que impidieran el juego del mercado y de la estructura de precios relativos, en la asignación de los recursos escaso entre las necesidades sociales.  Pero esta última crisis, donde el principio “too big to fail” se impuso y donde la emisión de dinero por parte de la FED fue absorbida por el mercado internacional sin causar los efectos-ajustes correspondientes en el sistema económico norteamericano, no ha resuelto como lo esperaba Shumpeter, los entrabados del sistema.

La entrada de China en el escenario comercial internacional le da a todo este proceso un nuevo giro.  Los retos para el proceso globalizador impulsado por el capital angloamericano se hacen ahora duramente remontables para esos capitales.  El mundo entra en una fase altamente inestable en los planos político, económico y social.  No se ve que los nublados de nuestros días se tiendan a aclara en los próximos años.

Otros enlaces relacionados Bloque hegemónico JANAM,

ARGENPRESS, 5 de marzo de 2014, Juan Francisco Coloane, La crisis internacional y la globalización como un sistema fallido

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Acerca de sreuben

Economista y Sociólogo
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