Lo que realmente está en juego


Ofrecemos a los lectores del Blog Escudrojo la traducción libre del artículo publicado antier por el profesor Rober Reich, en el blog mencionado abajo. El profesor Reich es un destacado economista de la universidad de Berckeley con las calidades descritas en la introducción.  El artículo recoge el punto de vista que hemos venido exponiendo en este blog desde hace ya tres años, y que se resume en la consideración de que la crisis no podrá ser superada cabalmente, mientras no se reduzca sustancialmente la desigualdad en la distribución del ingreso social, que se deterioró con la políticas neoliberales.

Pero más aún, nuestro punto de vista va más allá del mero problema de la distribución del ingreso –ya el keynesianismo lo había planteado si bien nunca lo aceptó como una debilidad del capitalismo–, nuestra perspectiva redescubre la debilidad del sistema organizado por el capital, porque éste conduce ineludiblemente a cercenar las condiciones de la libre competencia, base para que el mercado pueda asignar eficientemente los recursos sociales escaso entre las necesidades sociales perentorias.  La deficiente e ineficaz distribución de los recursos sociales llevada a cabo por el mercado en estas condiciones es el origen de los conflictos sociales y de las desproporciones en la producción y la demanda.  De ahí la tendencia intrínseca a las crisis del capitalismo.

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Antes que reanuden las batallas en Washington, recordemos qué está realmente en juego.

ROBERT BRobert. REICH, Chancellor’s Professor of Public Policy at the University of California at Berkeley, was Secretary of Labor in the Clinton administration. Time Magazine named him one of the ten most effective cabinet secretaries of the twentieth century. He has written thirteen books, including the best sellers “Aftershock” and “The Work of Nations.” His latest, “Beyond Outrage,” is now out in paperback. He is also a founding editor of the American Prospect magazine and chairman of Common Cause. His new film, “Inequality for All,” will be out September 27.
Tomado del Blog Rober Reich http://robertreich.org/post/60086677960
Lunes 2 de setiembre de 2013

El Congreso se reunirá en breve. Eso significa más batallas sobre los impuestos y el gasto, los reglamentos y las redes de seguridad, y la forma de sacar a la economía de “primera” para pasarla a “segunda”.  Lo que significa más parálisis y enfrentamientos continuos sobre resoluciones relativas al presupuesto y al techo de la deuda.

Pero antes que las hostilidades comiencen de nuevo y todos se pierdan en políticas pueriles y tácticas mezquinas, es útil considerar lo que realmente está en juego para nuestra economía y la democracia.

Durante gran parte del siglo pasado, el acuerdo básico en el corazón de América es que los empleadores pagan a sus trabajadores lo suficiente para comprar lo que los empleadores estadounidenses estaban vendiendo.  Y el papel del gobierno era alentar y hacer cumplir este acuerdo. Creamos, así, un círculo virtuoso de mayores niveles de vida, más empleos y mejores salarios.  Y una democracia que funcionaba razonablemente bien.

Pero el pacto se rompió. Y hasta que sea rehecho , la economía no puede mejorar y nuestro sistema político democrático no será sensible a las mayorías.

Primero, un poco de historia . Ya en 1914 , Henry Ford anunció que estaba pagando a los trabajadores en su planta de fabricación del Modelo T, $5 al día -tres veces más de lo que el trabajador típico ganaba en ese momento.  The Wall Street Journal calificó su acción de “un delito económico” .

Pero Ford sabía que era una decisión astuta.  El salario más alto convirtió a los trabajadores automotrices de Ford en clientes que podían permitirse el lujo de comprar el Modelo T.  En dos años los beneficios de Ford aumentaron más del doble .

Sin embargo, en los años que precedieron a la Gran Depresión de 1929, los empleadores olvidaron el ejemplo de Henry Ford.  Los salarios de la mayoría de los trabajadores estadounidenses se estancaron, incluso cuando la economía creció.  Los excedentes se tradujeron principalmente en ganancias corporativas en los bolsillos de los más ricos.  Las familias estadounidenses mantuvieron su nivel de vida hundiéndose en deudas, y los ricos jugaron con sus ganancias gigantescas.  En 1929, la burbuja de la deuda apareció.

¿Suena familiar? Debería. Lo mismo ocurrió en los años previos a la crisis de 2008.  La lección debía ser obvia.  Cuando la economía es demasiado desigual -beneficiándose de manera desproporcionada los propietarios de empresas y altos ejecutivos en lugar de los trabajadores promedio- da un vuelco.

Hoy día la economía sigue siendo desigual.  Estamos emergiendo de las profundidades de la peor recesión desde la Gran Depresión, pero nada fundamental ha cambiado.  Los beneficios empresariales han aumentado en gran medida porque las planillas se han reducido.  Incluso Ford Motor Company está pagando ahora a su nueva fuerza de trabajo contrata, la mitad de lo que pagó a los nuevos empleados hace unos años.

La remuneración de los asalariados se ha reducido a la parte más pequeña de la economía desde que el gobierno comenzó a recopilar datos sobre el salario hace sesenta años, y las ganancias de las empresas la parte mayor.

Este es un juego perdido para las empresas en el largo plazo.  Si no hay suficientes consumidores estadounidenses, sus días están contados.  Los europeos no están de humor para comprar.  India y China están decreciendo dramáticamente.  Y las naciones en desarrollo están en problemas.

Los republicanos afirman que los ricos y las grandes empresas son creadoras de empleo, por lo que no deben aumentárseles sus impuestos.  Tonterías.  Con el fin de crear puestos de trabajo, las empresas necesitan clientes.  Pero los ricos gastan sólo una pequeña fracción de lo que ganan.  Y estacionan la otra parte del ingreso nacional en cualquier lugar del mundo donde puedan obtener el mayor rendimiento.

Los creadores de empleos reales son la gran clase media -cuyo gasto impulsa la economía y crea puestos de trabajo.  Pero a medida que la parte de los ingresos totales de la clase media siga bajando, ésta no puede gastar tanto como antes.  La mayoría de los estadounidenses tampoco pueden pedir prestado como lo hicieron antes de la crisis de 2008, con los préstamos que enmascararon temporalmente la disminución de su poder adquisitivo.

Como resultado, los empresarios siguen siendo reacios a contratar y pagar salarios decentes.  Por eso es que la recuperación sigue siendo tan anémica.

Mientras la riqueza y el ingreso ascienden en la cima, por demás, lo mismo ocurre con el poder político.  Las corporaciones y los ricos son capaces de atrincherarse y mantener bajas tasas de impuestos y reducciones de impuestos especiales (como el “carried interest” vacío legal que aún permite a los capitales privados y gestores de fondos de cobertura tratar sus ingresos como ganancias de capital), asegurándose un flujo constante de bienestar corporativo: subsidios fiscales especiales para el petróleo y el gas, para la agricultura industrial o corporativa, para las grandes aseguradoras, para las grandes empresas farmacéuticas, y, por supuesto, para Wall Street ).

Todo esto sigue apretando los presupuestos públicos y socavando nuestra democracia.  La cuestión no es -y nunca ha sido- el tamaño de nuestro gobierno, es para quién es el gobierno.  El gobierno se ha vuelto menos sensible a las necesidades de la mayoría de los ciudadanos y más correspondiente a las exigencias de los intereses monetarios.

La respuesta republicana es reducir aún más los impuestos a los ricos, los programas de apoyo a los pobres, debilitar la lucha de los sindicatos, permitir que el salario medio continúe a la baja…, y oponerse a cualquier límite a las contribuciones de campaña o al gasto en ella.  No se necesita una gran capacidad mental para entender que esta estrategia conducirá a una economía aún más desigual, a una riqueza más arraigada, y a una democracia más corrupta.

Así que mientras el Congreso reanuda y se renuevan las batallas, debemos ser claros acerca de lo que está en juego.  El único camino a una economía boyante es a través de un sistema de producción cuyas ganancias sean más ampliamente compartidas. Y la única manera de volver a una democracia sensible es a través de un sistema político cuyos intereses monetarios se vean limitados eficazmente.

Hay que rehacer el pacto fundamental en el corazón de América.

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