Obama o Romney, una reflexión desde América Latina


Las estrategias de América Latina después del 6 de noviembre

-Servio Escudrojo-

 

            Me parece que es este el momento de pensar en las estrategias que países como los de nuestra región deben comenzar a plantearse de cara a los resultados del próximo 6 de noviembre en los Estados Unidos.  Las encuestas reales y las divulgadas señalan un virtual empate en las preferencias de voto para los dos contrincantes, por lo que debemos elaborar al menos dos estrategias que respondan a los dos escenarios posibles; la presidencia de Mitt Romney o la continuación del gobierno de Barak Obama.

            Antes de plantear las dos estrategias, es importante reconocer que aunque el gobierno del presidente Obama no logró desfigurar notablemente la política de estado norteamericana de los últimos 10 años, ni tampoco significativamente la política económica de la administración Bush para responder a los retos de la crisis, también es cierto que éstas políticas no han sido las deseadas por los miembros de la elite económica y política que ha venido regentando al estado norteamericano.  Las fuertes confrontaciones en la cámara de representantes y en el senado entre los oficialistas y sus opositores, por ciertos proyectos de ley, y por las asignaciones presupuestarias, son un ejemplo de lo enunciado.  Así, la administración Obama no ha podido cumplir muchas de las expectativas que su figura había contribuido a levantar entre sus seguidores y seguidoras de base.

            Esto tiene dos consecuencias importantes a efecto de pensar nuestras estrategias: primera, que esta elite espera imponer un presidente más afín a sus deseos de lo que ha sido Barak Obama, por lo que se puede esperar que un eventual gobierno de Romney marcase una tendencia abierta y claramente favorable a los intereses de esa elite y, segunda consecuencia, que en un eventual segundo mandato de Obama, éste puede encontrarse con las manos menos atadas por esos grupos, como para poder asumir una postura más favorable a los intereses de los sectores populares norteamericanos.

            Con esos dos escenarios altamente posibles los países de nuestra región deben plantearse una política exterior y una política económica que busquen favorecer los intereses nacionales y de sus pueblos, ante los efectos que esos dos escenarios van a tener en nuestras sociedades:

            La orientación general de la política exterior y de defensa norteamericana en un eventual gobierno de Mitt Romney será, según nuestro supuesto fundamental, la de asegurar la hegemonía norteamericana particularmente en el campo militar y en el sistema monetario y financiero internacional.  Esos son los dos campos en los que se basa la rentabilidad del capital perteneciente a la elite actualmente en el poder.

            Mientras que, en un próximo gobierno de Obama, la orientación general de su acción política, si nuestra presunción fuera cierta, debería ser “hacia adentro”; esto es, buscando fortalecer la economía nacional, el mercado interno, las remuneraciones al trabajo…, lo que podría dar pié a la formulación de una política exterior que permita la construcción de una hegemonía militar multipolar (con una mayor presencia de las decisiones tomadas en las Naciones Unidas), y una política económica que limite o reduzca el apoyo político a las empresas transnacionales norteamericanas (o, al menos, un mayor respeto a las decisones soberanas de los estados latinoamericanso: hay muchos elmentos ya conocidos que vinculan los golpes de estado en Honduras y en Paraguay, a intererses económicos de empresas norteamericanas…).

            De estas consideraciones, se pueden definir dos cursos de acción para nuestros países con relación a su política exterior y económica.

            Ante un gobierno de Romney, los países de América Latina deberán acelerar y fortalecer los vínculos económicos y políticos independientes que han venido construyendo, frente a lo que seguramente será una diplomacia norteamericana favorecedora de las posiciones dominantes de sus empresas trasnacionales en el continente, y una política hemisférica de reconstrucción de su dominio político y militar en la región, que probablemente recordará en algunos de sus extremos, el estilo de las operaciones “Cóndor” e “Irán-Contra” desplegadas hacia los año 70 y 80 del siglo pasado bajo la tutela de varias administraciones norteamericanas, y ahora potenciados por la lucha contra el narcotráfico.

           Mientras que ante la segunda administración de Barack Obama, el relativo relajamiento de su política hegemonista militar y la orientación hacia adentro de su política económica van a abrir algunos espacios por los que podrán transitar proyectos nacionales más independientes del capital transnacional norteamericano.

            Así, mientras con el presidente Romney se requeriría, ante todo, cerrar filas mostrando una fuerte unidad política y una amplia solidaridad económica entre los países de la región, defendiendo colectivamente nuestros recursos humanos y naturales del asalto neo colonialista transnacional, con el presidente Obama se podrían dar los primeros pasos en el diseño de procesos nacionales de construcción de nueva relaciones sociales, económicas y políticas.

       Estos espacios deberían permitir la creación de nuevos proyectos productivos con nuevas relaciones sociales que el desarrollo económico justo y responsable requieren; tales como el fortalecimiento de pequeñas y medianas empresa, la cooperativización y colectivización de algunas actividades productivas y de servicios, y el desarrollo de nuevas empresas sociales, paraestatales y de capital mixto (público-privado); al tiempo que se implantan instituciones reguladoras que fortalezcan la formación y acumulación de “capital” social nacional.

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