Vías por las que transita la dinámica socioeconómica contemporánea


Una hipótesis futurista

Servio Escudrojo

 La crisis socio económica que están viviendo los países desarrollados está llegando a una especie de bifurcación substancial. Un punto en el que, dependiendo de las decisiones políticas que se tomen en estos próximos años, sus sociedades estruc­turarán organizaciones sociales contradictorias.

Por una parte, la recesión económica, el paro, la pobreza y la falta de oportunidades, generales para alcanzar las metas de vida pregonadas por las mismas sociedades, están creando un ambiente de enorme frustración con el sistema económico, con el tipo de organización social de la producción y reparto de la riqueza nacional instalado en estos países.

Por otra parte, la paralización del Estado, la orientación de sus políticas en razón de intereses de pequeños grupos, la corrupción en el uso de los recursos públicos, etc., están creando un desencanto entre las grandes mayorías por el sistema de representación democrático que rige a estas sociedades.

La bifurcación

El resultado de esta frustración consumista y del desencanto por el desempeño del sistema político de representación entre grupos cada vez más numerosos (mas al mismo tiempo menos importantes como consumidores y como activistas políticos), es una sociedad desagregada, desunida, con dificultades para plantearse propósitos comunes, cooperativos, socialmente articulados.

La argamasa que servía para aglutinar tales propósitos, el interés particular por obtener los mayores ingresos posibles (ya a escala individual, ya a escala empresarial), el sistema que permitía que la busca del bien individual redundara en el bien general, dejó de funcionar.  La acumulación de medios de producción y trabajo en manos privadas y su concentración en pocas manos, alcanzó un grado tal, que entró en contradicción con ese subproducto esperado (ver entrada).  Y la relación que tenía con el sistema político de representación de intereses, hizo que la misma concentración y centralización de riqueza pervirtiera el sistema democrático.  Las sociedades han quedado a penas, atadas por el hilo de la cultura, de las costumbres de ciertos usos comunes, de ciertos símbolos unitarios, pero profundamente laceradas por las contradicciones en los planos económico y político.

La ruta es hacia una crisis de grandes proporciones, una crisis estructural entre los planos de las relaciones económicas, de las relaciones políticas y de las relaciones culturales: el punto de bifurcación al que nos referíamos al inicio.

Dos vías parecen abrirse a este punto. (Uno tiende a pensar hacia la derecha y hacia la izquierda…, pero pude ser hacia arriba y hacia abajo, hacia adentro y hacia afuera, hacia la tangente o hacia el cateto, en fin…).

El orden por la fuerza

Una de ellas, la primera –llamémoslas así con ordinales– es una vía que no resuelve la contradicción en el sistema económico por dos razones; o porque considera que en el largo plazo el sistema se las arreglará para reducir la concentración y centralización en pocas manos de los recursos productivos (Shumpeter propuso las crisis destructivas como remedios del sistema), o bien porque consideran que esa misma es necesaria para el progreso de la sociedad.  Es una postura que podríamos denominar “integrista”, por cuanto juzga al sistema como perfecto, si no directamente “natural” o hasta “divino”.  Pero esta “solución” tiene que enfrentar la resistencia social que genera en sus primeros momentos todo proceso de concentración de riqueza en pocas manos…, más tarde la gente se acostumbra a su nuevo estatus siempre que no atente contra su integridad física y reproductiva.  Desde luego, como se comprenderá, esa resistencia social en buena medida es canalizada por el sistema político.  Y éste, que se encuentra en crisis de legitimidad por sus problemas de representación, no puede resolver la contradicción, adquiriendo así una dimensión social o nacional.

La resistencia social se expresa de distintas y variadas formas; desde el aumento de delitos a la propiedad individual y a la propiedad pública, del contrabando, del comercio de ilícitos, del fraude comercial e industrial, de la estafa…, hasta el aumento de las protestas sociales, de las luchas violentas gremiales y comunales, la huelga…, llegando al desconocimiento de ciertas formas de autoridad, la crítica de valores fundamentales de la sociedad, etc.

Esas expresiones tienden a la ruptura de los lazos que cohesionan la sociedad, de los vínculos de unión, tienden a la disolución de la confianza mutua y de las instituciones que la hacen una entidad donde puede llevarse a cabo la división racional del trabajo, la cooperación eficaz y eficiente entre los miembros, la coordinación de actividades individuales, la explotación racional y sostenible del territorio. Tienden así a conformar una sociedad fallida, limitada, incapaz de ofrecer a sus miembros las oportunidades medias de que goza el resto del género humano.

Ante esta perspectiva de estado fallido, de país ineficaz, de sociedad en decadencia, de sociedad en descomposición, el horizonte definido por esta primera dirección es solo uno: ¡el orden policiaco o militar!  Los principales sectores sociales, los que mejor pueden expresar sus intereses y formar opinión pública, los más favorecidos por el orden socioeconómico existente, históricamente han tendido a reaccionar favorablemente a la represión…, a la limitación de garantías y derechos individuales, al fortalecimiento de los aparatos represivos, a la imposición del orden por la fuerza, sin darse cuenta que afilan una espada de doble filo.

Ese es uno de los horizontes que vemos como futuro cercano para algunos de los países hoy día desarrollados.  Los Estados Unidos y el Reino Unido entre los más grandes, presentan ya, condiciones y antecedentes que pueden derivar por esa dirección, como una suerte de “condorización” de sus sociedades.[1]

Regulación de la apropiación privada del excedente social

La segunda vía inaugura un camino nuevo.  Reconoce más bien que la contradicción que presenta el sistema, por la que la concentración de los recursos en pocas manos termina eliminando el mecanismo de reparto eficaz y eficiente de los recursos sociales, es un problema eminentemente social; esto es, un problema que puede y debe ser atendido y resuelto por la misma sociedad, independientemente de que haya sido este mecanismo el más eficaz y el más eficiente en los últimos siglos.  Como algunos taurófilos dicen, “agarra el toro por los cuernos”.

El mecanismo de la propiedad privada de los medios sociales de producción y trabajo, que le da al dueño de estos la patente de usarlos de la mejor manera según sus previsiones de aumento del rendimiento de sus inversiones, fue un mecanismo muy eficaz; permitió la expansión de la producción, de la innovación, del desarrollo técnico, de la riqueza, del empleo, de la explotación y apropiación por parte de la sociedad de los recursos naturales existentes en sus territorios y allende éstos, en magnitudes jamás antes alcanzadas por otros mecanismos.[2] Sin embargo, su extensión y ampliación en el marco de recursos naturalmente escasos, tendió a la centralización de estos recursos en pocas manos, haciendo que el ánima empresaria individualista de la revolución burguesa se perdiera, ahogada en barreras para evitar la competencia.

Se impone así regular la apropiación individual del excedente social de manera que este sea usado eficaz y eficientemente.  Ese excedente debe ser repartido de forma que la mayoría de sus ciudadanos puedan tener acceso a las condiciones medias disponibles por la sociedad, que le permita a esa mayoría, alcanzar sus metas, objetivos y aspiraciones.

La forma en que se llevará a cabo esa regulación no se conoce.  Sin embargo, hay algunos elementos que sirven de indicadores de por dónde las sociedades contemporáneas desa­rrolladas que escojan esta vía, pueden desplegar esta actividad.  Sin duda, el avance en el control y centralización de la información por medio de la digitalización de ésta y el uso de supercomputadoras le brinda al Estado posibilidades concretas de administrar y gestionar mejor esas acciones de regulación y planificación indicativa de los recursos públicos y privados.  Asimismo, la capacidad de gestión y administración eficiente de grandes empresas públicas se ha hecho hoy día posible con el desarrollo de las técnicas de gestión de las grandes empresas trasnacionales de envergadura global.  De esta manera, y solo para citar dos elementos hoy día reales y existentes en el instrumental administrativo corriente, la empresa privada concentrada y centralizada ha contribuido al desarrollo de técnicas, instrumentos, prácticas administrativas y de gestión de recursos, que pueden ser usadas para regular y administrar recursos comunes de envergadura nacional y regional por empresas de capital público.

Es imaginable que en tales condiciones, sea posible llevar a cabo una regulación meramente indicativa o preventiva de la apropiación privada del excedente; evitando con ella la concentración y centralización excesiva de los recursos sociales en ciertos sectores productivos, de forma tal que muchos de estos sectores puedan ser regulados por la misma competencia entre firmas. O bien, impulsando en otros sectores, según sus características técnicas, laborales, de mercado y socio-estratégicas, empresas mixtas publico-privadas, de capital nacional y extranjero, con una participación accionaria estatal que permita el debido control social en el uso de los excedentes.

Esta voluntad pública de contribuir con la equidad en la distribución de los recursos sociales disponibles, y la capacidad interventora incrementada por la potenciación de los principales instrumentos de distribución del ingreso, resuelven de manera sistémica lo que la primera vía no puede resolver, el establecimiento en la sociedad de las condiciones para el surgimiento de cohesión social, de confianza mutua, de respeto institucional y en definitiva, de orden social para el buen funcionamiento de la sociedad.

Una reforma a la democracia representativa

Desde luego, por su parte, se requiere, para poder desplegar un modelo social de este género, reformas paralelas substantiva en el sistema de representación de intereses de estas sociedades.  Es fundamental la ampliación de estas formas de representación de tal manera que los órganos e instituciones que administran el poder público respondan de la mejor manera a la amplia gama de intereses que definen a las sociedades actuales, al amplio abanico de derechos adquiridos por minorías y grupos invisibilizados y excluidos por la democracia representativa, y que hoy día reclaman tales derechos.  La complejidad ideológica, de sensibilidades, de valores de estas sociedades requiere un sistema de representación amplio, debidamente estructurado y estrechamente vinculado con la administración del poder público para hacer la acción del Estado una acción responsable, históricamente coherente y cabalmente correspondiente a las nuevas relaciones de producción antes discutidas.


[1] – Para hacer referencia al operativo “Cóndor” de las dictaduras militares de América del Sur, por el que coordinaron la represión más despiadada y cruenta que la historia reciente recuerde.

[2] – ¿Quién no describió mejor y hasta alabó la capacidad de este esquema para generar riqueza y ampliar la capacidad productiva de la humanidad si no el mismo Marx?, Cf. El manifiesto del Partido Comunista.

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