El rompimiento de la correspondencia entre valor y precio como origen de la crisis de los EEUU.


Servio Escudrojo

La vuelta a la producción de valor que produce bienestar.

Llama la atención que en su último artículo publicado en Project Syndicate, el profesor Dani Rodrick de la universidad de Harvard –uno de los economistas norteamericanos más destacados– señala la necesidad de volver los ojos a la economía real, a la economía de la producción física, de bienes tangibles, de bienes manufacturados.

Y no es casual que en esta situación desesperada de la economía estadounidense la ciencia económica vuelva los ojos hacia esa actividad productiva que produce riqueza fundamental, esto es valor.  No unidades de utilidad o “utils”, como denominaba Samuelson a las valoraciones de los consumidores que deter­mi­narían el valor de los bienes si la hipótesis utilitarista fuera fundada, sino valor real que produce bienestar social.

Una crisis montada sobre esa hipótesis, que no responde a las soluciones propuestas desde esa misma hipótesis, ha hecho que la economía vuelva a ver hacia el origen del valor que genera riqueza.

La concentración privada de los recursos productivos y su efecto en el sistema de precios

La toma de conciencia, forzada por la virulencia de los hechos, de que todo el sistema de precios no es más que referencial del valor real, ha puesto sobre aviso a quienes habían llegado a creer que tal sistema era el único capaz de determinar el mejor uso (el más eficiente y más eficaz) de los recursos escasos de una sociedad.  Así, el valor creado en la producción encontraba su cabal ubicación según las necesidades sociales expresadas con los precios.

Pero la hipótesis utilitarista no contaba con que la propiedad privada de esos recursos iba a jugarle sucio a los fundamentos de todo el modelo.  En primer lugar, la acumulación privada de esos medios a que daba pie el respeto sacro santo de dicha propiedad, y las reglas del juego en el capitalismo de dominar sobre sus competidores, iban a derivar en el control parcial o total del mercado, del ramo correspondiente, por parte de los ganadores de la competencia.  Y este triunfo significaba la capacidad por parte de estos líderes de determinar las condiciones de producción en dicho ramo y los precios del producto, de manera de alcanzar tasas de ganancia superiores a la tasa media general, en largos plazos.

Y aquí estuvo el problema.  El resultado histórico, particularmente en aquellos países donde el Estado no mostró voluntad de intervenir decididamente (o, como en el caso latinoamericano, interviniendo en connivencia con los acumuladores), fue el de una paulatina pero creciente concentración y centralización en pocas manos de los recursos productivos; con un proceso de oligopolización y monopolización de los distintos ramos de la producción.

Y en segundo lugar, los tenedores de esta concentración de la riqueza se agenciaron, por una parte, un creciente control de los excedentes sociales de manera que la inversión de éstos redundara en beneficio de los rendimientos de sus capitales invertidos y paralelamente, como podrá entenderse, un dominio sobre el ejercicio del poder público poniéndolo al servicio de sus intereses.  Así se cerraba (o mejor dicho se blindaba) un sistema que giraba cada vez más, alrededor de los intereses de los grandes capitales.

En estas condiciones, en las que paradójicamente, quedan alterados los fundamentos del modelo cumpliéndose sus postulados esenciales, el sistema de precios asigna los recursos de la sociedad en función de los intereses de los grandes capitales no obstante que tal asignación no llene las necesidades reales de la sociedad.  El descontento generado puede ser moderado, apaciguado, contenido o bien reprimido por el poder público, según la intensidad del mismo, o bien, puede ser adormecido haciendo creer que ese malestar es solo de los perdedores, o recuperado y cooptado, poniendo a trabajar a los descontentos en función de sus intereses, en busca del sueño de una vida mejor, etc.1

Un sistema de asignación de recursos ineficiente e ineficaz

El regreso a la producción real que propone Rodrick es una especie de reclamo al modelo económico por lo que éste ha generado:

   “Quizá vivamos en una época post-industrial, en la que tecnologías de la información, biotecnología, y servicios de alto valor han llegado a dirigir el crecimiento económico.  Pero los países ignoran la salud de sus industrias manufactureras en peligro.

   “Servicios técnicos superiores demandan habilidades especializadas y crean pocos empleos, su contribución al empleo total así, tiende a permanecer limitada.  La manufactura por otra parte, puede absorber gran número de trabajadores con modestas habilidades, proveyéndolos de puestos estables y buenos beneficios.  Para la mayoría de los países, por tanto, ésta resta como una potente fuente de empleos con altos salarios.”

En otras palabras, el desarrollo de la economía norteamericana bajo la égida del capital concentrado ha engendrado una economía que no emplea cabalmente a sus trabajadores, una economía que abandona a sus mejores industrias. Y agrega más adelante:

Los Estado Unidos han experimentado una permanente des-industrialización en recientes décadas, parcialmente debido a la competencia global y al cambio tecnológico.  Desde 1990 la tasa de empleo de la manufactura ha caído por cerca de cinco puntos porcentuales.  Esto no hubiera sido malo si la productividad del trabajo (y sus ingresos) no hubieran sido substancialmente mayores que las del resto de la economía –de hecho 75% mayor.”

La tasa de ganancia como criterio de asignación

¿Cómo un sistema eficiente y eficaz de gestión de los recursos sociales pudo llegar a cambiar empleo eficiente y productivo por empleo escaso y menos productivo? ¿Por qué los recursos de la sociedad se desviaron de sectores e industrias que producían bienestar general hacia sectores que no?  La respuesta es obvia: la busca de la mayor tasa de ganancia llevó a la inversión norteamericana a globalizarse, y a buscar sectores donde la fuerza de trabajo fuese más barata, o bien, sectores donde la recuperación de la inversión y sus ganancias fuera en plazos más cortos. Los rendimientos de los capitales invertidos en la industria manufacturera aún cuando significativos por los niveles alcanzados en productividad del trabajo, no eran lo suficientemente grandes ni lo “suficientemente prontos” como los obtenidos por las inversiones “ultramarinas”, o por sectores que utilizaban mano de obra más barata (construcción), o bien, finalmente, por actividades financieras y especulativas.

Los flujos de inversión fueron orientados entonces prioritariamente hacia esos sectores de altos rendimientos, desvistiendo aquellos dentro de la estructura de producción nacional que permitían una mejor utilización de las habilidades y destrezas adquiridas por la fuerza de trabajo manufacturera norteamericana y el know how de los sectores administrativos y gerenciales. Esta nueva asignación resultó así, en una pérdida de productividad real y en el uso menos eficiente de los recursos disponibles por la sociedad estadounidense para el equilibrio macroeconómico o sistémico.

Y más aún, no sólo la ubicación de estos recursos se hace ineficiente, sino que también se hace ineficaz. El empleo de los recursos sociales dirigido por el móvil de la ganancia, los orienta ahora hacia sectores no productivos propiamente dichos, como los financiero-especulativos, o hacia bienes que la sociedad no puede adquirir como las casas suburbanas más grandes y lujosas que las posibilidades reales de los consumidores, los bienes de consumo suntuario, “de marca”, o bien, finalmente, terminan exportados al exterior; donde emplean trabajadores de otros países, dejando sin empleo a la fuerza de trabajo local.

Así, el funcionamiento normal del modelo llevó paulatinamente a la asignación de los recursos disponibles de una manera ineficiente e ineficaz con respecto a las posibilidades de la estructura productiva del país. La eficiencia de las inversiones medida por sus rendimientos, no correspondía ya a la eficiencia según las necesidades socio-económicas de la sociedad. Y la eficacia macroeconómica de estas inversiones se perdía en la caza de la mayor ganancia, de la ganancia pronta y fácil.

El rompimiento de la correspondencia entre precios y valores por la concentración de los recursos productivos en pocas manos había alcanzado máximos históricos, generando un orden económico y social en desequilibrio creciente.

Una constante que no es constante hay que regularla

Una constante del modelo, nada menos que el grado de competencia –conceptualizada como “pura y perfecta”–, comienza a desempeñarse como variable endógena y a jugar un papel protagónico en los resultados.  La concentración y centralización de los recursos productivos en pocas manos y el grado de competencia, conforman un pequeño sistema que modifica el out put de todo el modelo económico.  Al introducir en el sistema de ecuaciones del modelo del equilibrio general unas adicionales que expresen la dinámica del grado de competencia –dependiendo éste, por ejemplo, del grado de entropía en los principales sectores productivos–, no existe solución sin que se fijen exógenamente los niveles permitidos de concentración y centralización de los recursos productivos. Y como se comprenderá, estamos hablando entonces de regulación política de los fundamentos económicos del modelo.

Si los recursos crecientes en manos de esas industrias manufactureras hubiesen sido gestionados por los mismos trabajadores, o por unos agentes estatales, en vez de por sus accionistas, ¿habrían ido a parar a los grandes bancos de inversión internacional buscando mayores tasas de ganancia?  Sé que así formulada suena a pregunta ingenua, pero quiero dejarla pendiente en la mente de los y las lectores de buena voluntad.

Bibliografía sugerida

-de Lourenço, André L, 2006, “O pensamento de Hyman P. Minsky: alterações de percurso e atualidade”,Economia e Sociedade, Campinas, Vol.XV, No.3 (28), pp.445-474, dezember.

-GAO, 2011, Gobernment Accoutability Office, “Report to Congressional Adressees Federal Reserve System, Opportunities Exist to Strenghten Policies and Processes for Managing Emergency Assistance”, July, 21.

-Herscovici, Alain, 2006, “O modelo de Harrod: natureza das expectativas de longo prazo, instabilidade e não-linearidade”, Economia e Sociedade, Campinas, Vol. XV, No.1 (26), pp.29-55, jan/jun.

-Rodrik Dani, 2011, “The Manufacturing Imperative”, Project Syndicate, http://www.project-syndicate.org/commentary/rodrik60/English, 2011-08-10, O bien, FI846EdgutHOw&cad=rja

-Mexder, 2003, “Índices de concentración de interés abierto”,  Mercado Mexicano de Derivados, S.A. de C. V.

1– Por no querer extender indebidamente este comentario, hago la observación de que los abruptos rompimientos en el funcionamiento del sistema (en el proceso de acumulación de capital) que esta situación trae aparejada, pueden “resolverse” (esto es, alimentar el sistema desequilibrado), con asignaciones exógenas como las que la FED llevó a cabo secretamente entre diciembre de 2007 y julio de 2010 por un monto de 16 billones (trillions) de dólares a los grandes bancos del sistema financiero norteamericano y mundial. (Cf. GAO, 2011, p131, Table 8)

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