Conclusiones sobre una revaluación del colón


 1.    La debilidad del dólar como fenómeno estructural

Finalmente, para acabar este tríptico sobre la política cambiar del Banco Central, hay dos consideraciones que han hecho algunos analistas y comunicadores del ramo económico sobre el tema, que merecen discutirse.  En primer lugar, la debilidad del dólar norteamericano (véase nuestro primer comentario) no es debido a un ataque especulativo, sino todo lo contrario, su debilidad se debe fundamentalmente a la inmensa (inconmensurable) cantidad de billetes verdes que la Reserva Federal ha despachado al mundo en el marco, primero, del déficit de balanza comercial crónico que padece la economía estadounidense desde finales de los años 70 del siglo pasado y, segundo, recientemente, en el marco del rescate financiero a los grandes bancos de inversión y del paquete de estímulo.  En conjunto, para estas dos últimas medidas de política, fueron eyectados cerca de $1.800.000.000.000 (un billón ochocientos mil millones de dólares) por la Reserva Federal.[1]

Para valorar esta cantidad hay que referirse al producto interno bruto de los E.U.A. que rondó para el 2010 los 14.624.000.000.000; por lo que dichos estímulos representan el 12,3% de la producción anual del país.  De manera que, sin contar el resto de dólares superfluos originados en la continua cobertura del déficit comercial de la balanza de pagos con notas del tesoro, aquella suma era ya suficiente para generar una devaluación relativa del dólar con respecto a las monedas de países con superavit en sus balanzas de pagos. 

Y aún más, con el lento crecimiento del producto interno bruto norteamericano pronosticado por todos los analistas, el efecto de los dólares superfluos (que aumentan la cantidad de dinero sin que haya aumento en el valor de la producción) se hace más agudo y reprolongado en el tiempo.

Estas constataciones ponen de manifiesto que la tendencia a la devaluación del dólar con respecto al resto de las monedas internacionales en conjunto, es el resultado de las contradicciones que padece la economía estadounidense y no un fenómeno pasajero o de carácter especulativo.

2.   Breves conclusiones

Los datos presentados sobre el comportamiento del comercio con nuestros socios comerciales muestran con claridad, en primer lugar, los efectos que ha tenido la transformación de nuestro ordenamiento legal con las leyes de implementación del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y los Estados Unidos.

1.  Es posible observar un intercambio asimétrico por el que se ven favorecidas las importaciones desde los Estados Unidos con respecto a las importaciones del resto de las regiones comerciales del mundo (véase nuestro segundo comentario).  Esta asimetría es el resultado probablemente de requisitos operativos incorporados a las leyes de implementación que favorecen particularmente a los productos norteamericanos y, desde luego, como se puede comprender, constituyen barreras imbuidas en los términos del acuerdo comercial que limitan la capacidad de nuestro país para comerciar con otros países y regiones del mundo. 

2.  Esas mismas condiciones parecen estar reduciendo nuestra capacidad de exportar nuestros productos al mercado de los EEUU (véase nuestro segundo comentario); de manera que nuestros productores han tenido que hacer esfuerzos para colocar sus mercaderías en otras plazas, particularmente en los países de América Latina.  No obstante, nuestras exportaciones han perdido el dinamismo que tuvieron en los dos lustros anteriores.

En segundo lugar, queda claro que la entrada de capitales y recursos monetarios extranjeros al país no se origina pues, en el buen comportamiento propiamente dicho de nuestro sector exportador, sino, particularmente, en el ingreso de capital de inversión y especulativo buscando mejores rendimientos de los que se ofrecen en sus países de origen.  La afluencia de dólares es el resultado de un mercado internacional inundado de billetes verdes que buscan nuevas formas de valoración. 

En tercer lugar, el descenso de la banda inferior del tipo de cambio por debajo de los 500 colones por dólar, para poner un ejmplo, digamos a 450, puede servir para equilibrar la oferta y la demanda en el mercado de divisas, impidiendo la acumulación innecesaria de divisas internacionales denominadas en dólares.  Con esto se evitan pérdidas del Banco Central pero, particularmente, se impide que la compra de dólares por parte del ente emisor para defender la banda de los 500 desencadene un proceso inflacionario por el crecimiento de la cantidad de dinero en la economía que esta actividad implica.


[1]– David Harvey “Por qué está condenado al fracaso el paquete de estímulos económicos”, revista Sin permiso, 17 de febrero de 2009, Montevideo. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2365

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